En mi terapia en Psicode he aprendido…

Os dejamos aqui el relato de nuestro paciente  tras su paso por la terapia:  sabias lecciones de vida para  ser más felices . 

“He aprendido que no puedo controlar continuamente el futuro,  tengo que dejarme llevar y conocer otros imprevistos que me hagan feliz.

No puedo controlar el amor, no puedo controlar  los 1500 siguientes pasos de mi vida, pero si los 100 (1 año de margen) y eso puede hacerme feliz.

He aprendido que cada uno tiene su propia felicidad y su propio ritmo de conseguirla. Para algunos es simplemente tener pareja o formar una familia. Para otros en brillar académica y laboralmente. Otros sólo quieren observar el mundo y saborearlo según llegue. Otras una combinación de las tres  “Cada persona tiene su ritmo, no la subestimes ni la envidies, no es pronto, nunca es tarde, estás justo a tiempo”.

He aprendido a pensar distinto, he aprendido a relativizar mis pensamientos. Mis pensamientos son míos pero no soy yo.

He aprendido a que hay que tener el valor para luchar por lo que se quiere, la resignación para aceptar lo inevitable y el conocimiento para diferenciar lo uno de lo otro.

 No se puede controlar la vida, si se intenta se pierde y si se instaura/planea un camino rígido e inflexible no lo conseguiremos, conseguiremos ser infelices.

No puedo  saber si tengo o no la fuerza para afrontar mi futuro y conseguir ser feliz. Porque no sé cuál es mi futuro, que hay ahí fuera para mí. Quiero buscar esa felicidad en el presente,  ya que  donde no sé si hay o no felicidad es en el futuro.

He conocido a gente con problemas reales ( mi compi de trabajo, mi amigo con cáncer… ). Lo que nos hace andar es el apoyo de nuestros amigos y familia cercana, de todo se puede salir con el amor de tus cercanos.

He aprendido que mis padres tienen defectos, al haber salido de casa he aprendido que parte de su mensaje era muy dañino para mí y que inconscientemente buscan su felicidad sin tener en cuenta la mía.

He aprendido que no existen  casos como puramente heterosexual u homosexual. Hay un abanico enorme en medio y no es un error estar en alguno de esos casos, es ser tu mismo.

He aprendido que nos llegan mensajes de una  sociedad inestable, donde la felicidad es puramente materialista, poco realista y que intenta aplicar un mismo zapato a diferentes tallas y tipos de pies.

He aprendido cómo mucha gente olvida el peso de sus buenas acciones y aptitudes, las relativiza y maximiza las negativas por instinto animal, para mejorarlas o evitarlas por miedo.

La felicidad es un equilibrio entre lo bueno y malo que se encuentra en el presente, no en el futuro. Conformarse no es rendirse si uno aprende a valorar lo que es y lo que tiene.

Si te empeñas en escalar una montaña sin ver la cima, te vas a perder las vistas de cada tramo. Deja de planear el camino y aprende a disfrutar de tus pasos”.

Gonzalo

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Ser una persona dependiente (No puedo vivir sin…)

“La historia del calentador de agua caliente”

Es la historia de un señor  al  que se le estropeó el calentador de agua en mitad de las navidades, en días festivos cuando no tenía a nadie que se lo pudiera arreglar. Se desesperó buscando a alguien que le arreglara el calentador hasta que finalmente consiguió un servicio de urgencias. El técnico fue a su casa para intentar solucionarlo, pero para ello necesitaba una pieza nueva. Tendría que pedirla a la fábrica y siendo fiestas navideñas la pieza tardaría al menos una semana en llegar. Este señor  se desesperó, gritó y sufrió pensando en ello.

Finalmente llamó a su psicólogo desesperado porque no era capaz de bañarse con agua fría. El psicólogo le dijo: “ Millones de personas en el mundo se bañan con agua fría, ya sean por obligación o porque quieren. Como veo la cosa, el agua caliente tiene un poder enorme sobre usted porque le está absorbiendo la energía y tranquilidad. Quítele ese poder. Si logra bañarse con agua fría, ya no estará tan pendiente de si le arreglan o no el calentador, dejará de ser imprescincible y determinante para su bienestar. NO se deje manipular por un calentador, no dependa de él para siempre” .

Tras esta conversación reflexionó sobre lo que su psicólogo le había dicho y actuó en consecuencia, de modo que durante los tres días siguientes, el paciente decidió ducharse con agua fría unas veinte veces y , mientras estaba bajo el agua gritaba una y otra vez: ¡No me vas a ganar!, ¡no me vas a ganar!.

 El agua caliente llegó a la semana, sin dramatismos por su parte.

Hoy, una vez a la semana,  se baña con agua fría para no perder la costumbre, y lo disfruta.

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Reflexión:

Los apegos ( dependencias psicológicas ) que nos molestan y amargan la vida no tienen por qué ser trascendentales. La mayoría son problemas sencillos del día a día.

Recuerda que el apego se impone porque deseas o necesitas algo de lo cual no podrías prescindir o renunciar si realmente quisieras: allí radica su poder.

La mente de este señor dio un giro: Ya no necesitaba imperiosamente el agua caliente. La prefería, es verdad, pero con un mínimo de esfuerzo podía vivir sin ella. Había roto el mito de la imposibilidad.

Puedes hacer lo mismo con cualquier otra necesidad irracional: afrontarla e intentar prescindir de ella, a ver qué ocurre. Intentarlo como un reto o un desafío: “Puedo estar sin ti, de verdad y sin excusas”.

 

                Walter Riso “Desapegarse sin Anestesia”

Dejarse llevar por ” el qué dirán”

no dejarse llevar por el qué dirán

Dirigir nuestra vida o ser exclavos de la opinión de los demás

“Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer mundo. Así, se fueron los tres con su burro y pasaron por 5 pueblos.

Pero al pasar por el primer pueblo, oyeron que la gente comentaba: ‘¡Mira ese chico mal educado! Él, arriba del burro y los pobres padres, ya mayores, llevándolo de las riendas!’

Entonces, la mujer le dijo a su esposo: ‘No permitamos que la gente hable mal del niño.’ El esposo lo bajó y se subió él.

Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: ‘¡Mira qué sin vergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima’. Entonces, tomaron la decisión de subir a la mujer al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas.

Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: ‘¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro. Y pobre hijo… ¡qué le espera con esa madre!’

Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje.

Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que sus pobladores decían: ‘¡Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!’

Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes:

‘¡Mira a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!”

Miguel Costa

¿Cuando me enfado digo o hago cosas de las que luego me arrepiento?

Había una vez un chico que tenía muy mal carácter…aprender a controlar la ira

Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que, cada vez que perdiera la calma, debería clavar un clavo en la puerta de la casa.

El primer día, el niño clavó 37 clavos…, al día siguiente 35, otro día 28. Pero, poco a poco, fue calmándose porque descubrió que era muchísimo más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la puerta.

Finalmente llegó el día en el que no perdió la calma para nada… y se lo dijo a su padre.
Y entonces el padre le sugirió que por cada día que controlara su carácter, debería sacar un clavo de la puerta.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos…

Entonces el padre llevó de la mano a su hijo frente a la puerta… y le dijo:

“Mira, hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron…
La puerta nunca volverá a ser la misma de antes…

Cuando dices o haces cosas que duelen, dejas una cicatriz como este agujero en la puerta… Es como meterle un cuchillo a alguien: aunque lo vuelvas a sacar, la herida quedó hecha…

No importa cuántas veces pidas disculpas, la herida está ahí…

Y la persona nunca volverá a ser la misma”