Superar la timidez

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¿QUÉ ES SUPERAR LA TIMIDEZ?—–> Escrito por: Cecilia Martín Sánchez (Psicóloga de PSICODE)
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¿Timidez? 
Me gustaría comenzar diciendo que la timidez es el nombre socialmente aceptado bajo el que se disfraza el miedo.
¿Miedo a que? Pues depende.
Para unos , será miedo al rechazo de los demás, para otros será miedo a hacer el ridículo, para otros miedo a mostrar su inseguridad o los síntomas físicos que aparecen cuando siente ansiedad (ponerse rojo, sudar, temblor…etc).

Es de sobra conocido que para superar cualquier miedo lo importante es enfrentarse a ello, exponerse a lo que se teme. Sabemos que el miedo a conducir se quita conduciendo y que aquellas personas que por sentir miedo ante el volante comienzan a evitarlo, con el paso del tiempo, jamás volverán a coger el coche a pesar de haber aprobado el carné de conducir a la primera.


Los tímidos también saben que para superar su timidez deben enfrentarse a lo que temen: las situaciones sociales. Saben que aislándose no conseguirán nada, sólo conseguirán aumentar su miedo e ir limitando cada vez más su vida.


Pero un tímido lo tiene difícil para enfrentarse a una situación social que le resulte comprometida, porque paradójicamente, cada vez que se arma de valor y se enfrenta a esa situación que le genera ansiedad, con la esperanza de triunfar algún día, lo pasa muy mal , se pone rojo, no habla cuando tiene que hacerlo o dice alguna barbaridad. Siente que una vez más ha fracasado en ello.
Es como si aquel que tiene miedo a conducir, el día que se atreve por fín a coger el coche, nada más sacarlo del garaje tiene un pequeño golpe o accidente con el vehículo. Al final, después de muchos partes al seguro terminará por pensar “yo para conducir no valgo”.


El tímido va acumulando fracasos en su día a día y por ello, a medida que avanza en edad, el problema se va haciendo mayor. Cada vez resulta más difícil y la persona se siente peor consigo misma, su aislamiento será mayor . La persona entra en un círculo vicioso del cual resulta muy difícil salir.


A él le gustaría mostrarse seguro ante los demás, ocultar su timidez, ser natural e incluso divertido cuando habla con la gente. Pero lo que obtiene son situaciones en las que se pone rojo, suda , piensa continuamente “no sé qué decir•”, “¿qué digo?, ¿qué digo?”, se muestra inseguro , nervioso y aburrido . Teme que surjan los silencios, porque “se queda en blanco” y no sabe qué decir.


Al contrario de lo que piensa, un tímido no suele quedarse en blanco. Realmente sí se le ocurren cosas que decir, se le ocurren muchas, pero cada alternativa que le viene a la cabeza la rechaza como inapropiada, como inadecuada para la situación. Pasan los segundos y no encuentra la respuesta correcta.


El tímido no tiene que aprender a comportarse de forma natural, no tiene que aprender nada. Por el contrario, tiene que desaprender muchas cosas.


¿Qué significa esto? … Pensemos en los niños.
Los niños son naturales , espontáneos al hablar y graciosos. Dicen lo primero que les viene a la cabeza. Los niños no rechazan ninguna respuesta por valorarla incorrecta o inadecuada a la situación.
Esta espontaneidad es lo que les hace atractivos para los demás, eso es lo que les hace ser auténticos, genuinos y carismáticos. Se muestran tal cual son, dando su primera respuesta, sin miedo. Da igual que sea correcta o no, da igual la situación y las personas que estén delante.


Todos hemos sido niños. Los tímidos también han sido niños, por lo que su naturalidad, su espontaneidad, su seguridad… ya lo tenían en su repertorio de comportamientos cuando eran niños ¡¡¡ No tienen que aprender nada nuevo.


¿Qué ocurre entonces? , ¿por qué de adulto ese niño “no sabe qué decir” y actúa de forma insegura y artificial?
Pensemos que el niño crece en un contexto, en una sociedad, en una familia donde existen unas normas explícitas e implícitas de aquello que es correcto e incorrecto en función de la situación , el niño recibe mensajes de lo que son las “mejores” formas de comportarse en tal situación o ante tal persona, etc. 
Puede escuchar frases del tipo “deja de hacer el tonto”, “compórtate como un niño mayor”, “deja de jugar como si fueras un bebé”, “mira tu hermano, aprende de él”.


Si un niño va recibiendo mensajes en forma de críticas cuando se comporta de forma natural ( tal cual es ) , si además es fruto de comparaciones con otros niños en las que él sale perdiendo , porque los otros lo han hecho mejor ; y si le añadimos que sólo es aplaudido y querido por sus papás cuando se comporta de una determinada manera “correcta”, ese niño aprende a ACTUAR del modo en el quieren los demás, porque así le ofrecerán su cariño y le elogiarán por ello.


Poco a poco, el niño descubre que si se muestra tal y como es ( de forma espontánea, diciendo cosas incorrectas y cometiendo errores típicos de cualquier niño de su edad) sus papás no lo aprueban y en consecuencia cree que no le quieren. Sin embargo, cuando se comporta bien y dice cosas correctas sus papás le quieren mucho y presumen de él.
Con esa actuación correcta ( muy distinta a su manera natural de ser ) el niño recibe elogios, premios, besos, abrazos…, pero sólo cuando la actuación sale perfecta. Si la actuación no sale perfecta, no recibe nada de eso y es posible que de nuevo sea receptor de alguna crítica.


Ante esta tarea tan difícil, el niño aprende a estar callado, porque estar callado es más fácil. El niño aprende a no arriesgarse, por si acaso no dice lo correcto. 


Posteriormente, esto puede evolucionar en que al llegar la adolescencia. Este niño ha crecido con el miedo a “hacer el ridículo”. Tiene miedo a decir algo de forma espontánea por si acaso recibe las críticas de sus compañeros de clase, no se arriesga. En definitiva, aprende a estar en silencio y muestra una máscara que le ayuda a salir del paso de aquellas situaciones en las que no tiene más remedio que actuar.


Sólo se atreve a decir algo cuando está seguro de que va a ser aceptado por los demás, cuando tiene la certeza absoluta de que lo que va a decir les va a gustar a los demás. Esto es complicado en la vida cotidiana, ya que una de las características de las situaciones sociales ( fuera de la familia) es que están formadas por diferentes tipos de personas donde no sabemos lo que les gusta o lo que esperan de nosotros. En estas situaciones de incertidumbre, el tímido se queda en silencio sin participar. Y cuando le preguntan y no le queda más remedio que decir algo saca su máscara, porque no está seguro de que sus acciones vayan a ser correctas.
Sólo se siente cómodo en situaciones donde conoce el guión, donde no tiene que arriesgarse; por ejemplo con su familia o con compañeros de trabajo que ya conoce desde hace tiempo. Todos hemos oído la frase de “al principio es muy tímido, pero luego se suelta” . ¿Cuándo se suelta? Cuando ya conoce qué es lo que los demás esperan de él y tiene el guión “adecuado”.


Esta máscara esconde la naturalidad del niño que va creciendo, pero no esconde ciertos signos corporales fruto de la ansiedad (ruborizarse, temblor , tartamudeo, intranquilidad, etc) que delatan su nerviosismo, su inseguridad y su artificialidad.
La persona cree que cuando aprenda a esconder estos signos que le delatan, podrá mostrarse seguro y tendrá éxito social, pero se equivoca.


Por muy buena que sea la actuación, por muy elaborada que tenga la técnica o muy aprendidas las frases que decir, por muchos cursos de oratoria o de técnicas para hablar en público, el tímido no termina de superar su inseguridad y continua viviendo sus actuaciones en público como fracasos continuos.
Es entonces cuando comienza a pensar que lo suyo no tiene solución, que él es así, que no tiene una “personalidad atractiva”, que él no ha nacido “carismático” y que tiene que aprender a vivir con ello.
Este tímido, cansado ya de dejarse el sueldo en cursos de habilidades sociales, no sabe que se está equivocando en lo fundamental. A él no le faltan habilidades sino que le sobran.
Lamentablemente, la máscara de habilidades “para agradar” que ha ido generando con el paso del tiempo no suele gustarle a la gente, porque esa máscara esconde a la verdadera persona. A la gente no le gustan las mentiras, no le gustan las máscaras. De ahí su fracaso.


El tímido debe “desaprender” todas aquellas estrategias de actuación social que le mantienen escondido, oculto bajo la máscara. El tímido puede volver a la espontaneidad de su niñez, puede aprender a arriesgarse y salir a la calle sin la máscara. 

Si te has sentido en algún momento reflejado en lo que aparece en estas líneas , no dudes en acudir a nuestro centro.
Te quitarás la máscara ¡ y empezarás a conocerte, a saber quién eres realmente, sacando al niño que fuiste. Eso si, esta vez no recibirás críticas por ser quien eres, recibirás aplausos y éxitos . Aprenderás a ser tu mismo, sin miedo a nada.

Cecilia Martín Sánchez
Instituto de Psicología y Desarrollo Personal PSICODE.

feliz en el mar

 

2 pensamientos en “Superar la timidez

  1. Claro que si ¡¡ hay que ser valiente, arriesgarse y vivir ¡¡Vente a nuestro próximo grupo de timidos ¡ Es este jueves día 5 de noviembre de 19,30h a 21,30h. Te divertirás ¡Cecilia

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